Carmen llevaba años soñando con viajar a Disneyland París. Un deseo que siempre había sentido muy lejano, pero que nunca dejó de imaginar.
Con 17 años y en pleno tratamiento, cuando le preguntamos cuál era su mayor ilusión, lo tuvo clarísimo: quería conocer Disney. Porque los sueños no entienden de edades.
Cuando recibió la noticia de que su deseo se iba a cumplir, apenas podía creerlo. Y, por fin, llegó el momento de volar hasta París y descubrir ese lugar con el que tantas veces había soñado.
Hoy la vemos disfrutando de cada rincón del parque, viviendo una experiencia que recordará siempre y que le regala un impulso de ilusión para seguir adelante.
Gracias a nuestro querido Marcos por ayudarnos a darle una noticia tan especial a Carmen.
Y gracias a Fundación Occident por hacer posible este deseo.